jueves, 17 de marzo de 2011

Edad Media

San Agustín
Nació en Tagaste (África) en el año 354. Muere en 430. Estudió retórica en Cartago. Perteneció a la sexta de los maniqueos. En Roma enseñó retórica. También en Milán, donde entró en contacto con la filosofía neoplatónica. Sus obras fueron: Las confesiones, Sobre el libre albedrío, Sobre la Trinidad, La Ciudad de Dios, sobre la verdadera religión.





Importancia y formación filosófica:
1.- San Agustín pone los fundamentos de la filosofía cristiana, explicando con profundidad las relaciones entre fe y razón. Los tanteos y vacilaciones del pensamiento filosófico de San Agustín hallarán respuesta en Santo Tomás, que asimila y perfecciona la doctrina augustiniana.
• La filosofía de San Agustín representa el esfuerzo de la fe cristiana que busca una mayor inteligencia de su propio contenido, con ayuda de un instrumento filosófico formado sobre todo en base al neoplatonismo de Plotino.
• Su formación filosófico-neoplatónica procede de los dos años anteriores a su conversión. Poco a poco se fue sirviendo menos de esa filosofía, que siempre concibió como subordinada a la fe.
• San Agustín ocupa un lugar sobresaliente en la transmisión del neoplatonismo al occidente medieval.
2.- La lectura de Cicerón, sus contactos con el maniqueísmo y el neoplatonismo constituyen el complejo camino intelectual anterior a la conversión.
La filosofía agustiniana como itinerario hacia Dios y la felicidad:
1.- El pensamiento austiniano está relacionado con la interioridad y con la búsqueda de la felicidad. Se inspira en el anhelo del hombre que busca a Dios en todo y por encima de todo.
• Dios y la felicidad de encontrarle constituyen el único fin del filosofar. El mundo sólo le interesa en cuanto le conduce a la propia interioridad y por medio de ella hasta Dios.
• Sólo el que es verdaderamente feliz es el auténtico filósofo, y sólo el cristianismo puede ser feliz, porque es el único capaz de poseer el Sumo Bien.
2.- El medio para conseguir la felicidad es la posesión de la Verdad, que de modo completo sólo se encuentra en el cristianismo.
• San Agustín estudió las relaciones de la fe y de la razón basado en su propia experiencia espiritual: la fe es como una meta de la especulación, y al mismo tiempo punto de partida para nuevas especulaciones.
• “Intellige ut credas” (demostración de la credibilidad) y “crede un intelligas” (el deseo de conocer mejor lo que ya se cree, origina una actitud positiva ante la filosofía, que debe ser el instrumento).
3.- El conocimiento de Dios es universal y natural: el que no conoce a Dios es culpable, pues esa ignorancia es fruto de las malas pasiones y del influjo de la voluntad desviada.
• Para los que tienen un corazón limpio, la recta razón y buena disposición ante la Revelación, la existencia de Dios se conoce con facilidad.

Cristianismo y filosofía:
• Para los endurecidos y los insensatos, antes de acercarles a Dios por medio de argumentos, hay que llevarles a la fe, que es el primer paso que conduce a Dios.
• Los diversos argumentos que presenta San Agustín para llegar a Dios se reducen a una sola prueba, cuyo itinerario es: de lo exterior a lo interior, y, después, de todo este mundo inferior ascender a lo superior; una vez que se ha llegado a Dios no es necesario repetir el proceso en todos sus pasos.
• Un punto importante de este itinerario es la inmutabilidad de buena parte de nuestros conocimientos que contrasta con la mutabilidad del mundo exterior y de nuestras sensaciones. La inmutabilidad en el campo intelectual exige algo que no cambia: la Verdad inteligible, necesaria, inmutable y eterna que es Dios.
• Los argumentos de San Agustín conducen a Dios como verdad inmutable, como Sol inteligible y Maestro interior del alma.
4.- El nombre más propio de Dios es “Qui est”. Dios es el Ser mismo entendido como esencia plena: lo que es siempre lo mismo.

La creación y el ejemplarismo:
• Por su mutabilidad, las cosas muestran que han sido creadas por Dios de la nada: entre “El que es” y todas las cosas que no son Dios, media un infinito vacío metafísico que separa la completa autosuficiencia de Dios de la intrínseca falta de consistencia de los existentes creados.
• Todas las cosas han sido creadas por un acto de la voluntad divina, que las ha sacado de la nada a todas a la vez. Todos los seres futuros están contenidos en la materia como “razones seminales”, que se desarrollarían según el plan previsto por Dios.
• Los modelos eternos o ideas de las cosas creadas están contenidos en el Verbo (corrección cristiana de San Agustín a la concepción platónica de las Ideas).
• Las Ideas, consustanciales con la esencia divina, son fundamento y fuente del ser: fundamento inmutable de las realidades mutables y contingentes del mundo sensible y fuente también de verdad e inteligibilidad.

El hombre:
1.- Entre las criaturas, las superiores son los ángeles, cuya existencia conocemos sólo por la fe. El hombre, según San Agustín, en cuanto a su naturaleza es muy poco inferior al ángel.
2.- El hombre es una sustancia completa, compuesta de alma y cuerpo; pero ya la sola alma es una sustancia racional completa hecha para gobernar un cuerpo, sustancia también completa de suyo. Esto plantea dificultades a San Agustín en su explicación de la unidad sustancial del hombre y a la hora de explicar las relaciones entre alma y cuerpo.
• El alma está presente toda entera en todo el cuerpo, mediante su continua acción vivificadora sobre él.
• En la sensación, el alma, que participa de la luz divina, atendiendo a las modificaciones del cuerpo, forma en sí una semejanza de la cosa, ya que el cuerpo no puede actuar sobre el alma.
• El objeto del conocimiento sensible son las realidades mudables. Por tanto, no pueden proceder de ese ámbito los conocimientos verdaderos en sentido propio, es decir, necesarios y estables.
• Estas verdades necesarias, inmutables y eternas, las encuentra el alma en sí misma, pero ella no puede ser su fuente, porque juzga según ellas y son, además, algo superior.
• Esas verdades están en el hombre porque Dios es el Maestro interior el Sol inteligible que ilumina nuestra inteligencia y le da a participar los mismos objetos inteligibles o ideas (doctrina de la iluminación).
• A diferencia de todo lo exterior que se capta con la ayuda de los sentidos, el alma se capta por vía puramente interior.
3.- San Agustín declara que no conoce el modo concreto en que el alma ha sido creada: o desde el principio en las “razones seminales”, o inmediatamente por Dios para cada hombre, o confiadas desde el principio a los ángeles para que éstos las infundan al cuerpo en el momento preciso.
4.- El fin futuro del alma es la visión de Dios. El alma es inmortal. El alma es indestructible, porque es asiento de la verdad inmutable y porque su contrario –el error- no es capaz de destruirla.
El mal y la libertad:
1.- Toda la realidad es buena en la medida en que es. El mal no puede considerarse ser: se define frente al bien, sin el cual no podría existir, ya que es precisamente privación de ser y de bien.
• Los males naturales o físicos no son propiamente males, sino privaciones parciales queridas por Dios en vista del bien total del universo.
• El único mal verdadero es el mal moral, el pecado, que procede de la libre voluntad de las criaturas racionales.
2.- La voluntad humana considerada en sí misma buena; sólo es mala en cuanto privada del orden debido, por el pecado.
• La voluntad creada es falible: libre albedrío es en sí mismo un buen y condición para la bienaventuranza, pero comporta el riesgo del pecado.
• La rebelión del cuerpo contra el alma es consecuencia del pecado original que proceden de la concupiscencia y la ignorancia. El alma, orientada desde entonces a lo sensible, se agota al producir imágenes y termina tomándose a sí misma por un cuerpo.
3.- San Agustín comprendió la necesidad de la gracia para poder salir del pecado y cumplir de la ley de Dios. La gracia restituye al libre albedrío eficacia para hacer el bien.
• La libertad consiste en poder usar bien del libre albedrío.
• La libertad es mayor cuanto más unido está el hombre a Dios, y, por tanto, menos puede realizar el mal.

Influjo en Santo Tomás:
Santo Tomás distingue la autoridad de San Agustín en cuanto doctor de la fe y en cuanto a filósofo.
Santo Tomás acepta el trascendentalismo causal y el ejemplarismo divino, así como su solución al problema del mal. Tiene reservas con respecto a ciertas explicitaciones posteriores de la metafísica agustiana sobre la estructura metafísica de la creatura y en especial sobre la teoría de la iluminación.


Santo Tomás
El representante de la edad media baja es Santo Tomas de Aquino que es del año (1100-1350).

Fue un teólogo y filósofo católico perteneciente a la Orden de Predicadores, y es el principal representante de la tradición escolástica, y fundador de la escuela tomista de teología y filosofía. Es conocido también como Doctor Angélico y Doctor Común. Por otro lado, es considerado santo por la Iglesia Católica. Su trabajo más conocido es la Suma Teológica, tratado en el cual pretende exponer de modo ordenado la doctrina católica. Canonizado en 1323, fue declarado Doctor de la Iglesia en 1567 y santo patrón de las universidades y centros de estudio católicos en 1880. Su festividad se celebra el 28 de enero.
La obra escrita de Tomás de Aquino es inmensa. Sus obras más extensas, y generalmente consideradas más importantes y sistemáticas, son sus Sumas: la Summa Theologiae, la Summa contra Gentiles y su Scriptum super Sententias. Aunque el interés y la temática principal siempre es teológico, cuenta también con varios comentarios a obras filosóficas, con obras filosóficas, polémicas o liturgias. A lo largo de la historia se le han atribuido obras espurias, que con el paso del tiempo han dejado de ser consideradas de su autoría. Así, sus obras se encuentran divididas en:
Tres síntesis teológicas, o summas Nueve tratados en la forma de disputas académicas Doce disputas quodlibetales
Nueve exégesis sobre las Sagradas Escrituras
Una colección de glosas de los Padres de la Iglesia sobre los Evangelios
Once exposiciones sobre los trabajos de Aristóteles

Dos exposiciones de trabajos de Boecio
Dos exposiciones de trabajos de Proclo Cinco trabajos polémicos
Cinco opiniones expertas, o responsa Quince letras sobre teología, filosofía o temas políticos Un texto litúrgico
Dos oraciones famosas Aproximadamente 85 sermones Ocho tratados sobre teología

El pensamiento del Aquinate partía de la superioridad de las verdades de la fe, sin embargo, ello no le impidió presentar a la filosofía como un modo de conocimiento plenamente autónomo capaz de por un lado, concordar armónicamente con la teología y, por el otro, de tratar de forma independientemente los más diversos aspectos de la realidad.
Se puede analizar su pensamiento de acuerdo a dos etapas:
Primera (1245–1259). En este período predominan las influencias Platónicas (Avicena y Alberto Magno) y las neoplatónicas (Agustín de Hipona y el pseudo Dionisio).
Entre las obras más importantes de esta etapa podemos destacar: los comentarios a las obras de Pedro Lombardo, Boecio (Sobre la Trinidad), el opúsculo titulado De ente et essentia y el libro primero de la Suma contra Gentiles. La función de esta obra era servir de apoyo a los predicadores que tenían que discutir con judíos y musulmanes, valiéndose de argumentos racionales y filosóficos sin tener que basarse sólo en la fe.
Segunda (1259–1273). Sin cambiar su pensamiento precedente, domina en el filósofo el pensamiento aristotélico, logrando una síntesis entre platonismo y aristotelismo. Así comenta ampliamente la Ética a Nicómaco.
En este momento la universidad de París atraviesa un momento de gran inestabilidad que se manifiesta en la pugna entre franciscanos, de orientación agustiniana, y los dominicos, con fuertes influencias aristotélicas.
Tomás de Aquino realiza en esta etapa toda una síntesis de los problemas filosóficos más discutidos (fe–razón, creación, política). Entre sus obras podemos destacar: finaliza la Suma contra los gentiles, cuestiones disputadas sobre el mal, sobre el alma, opúsculos contra los averroístas, como De aeternitate mundi y el De unitate intellectus. La obra más importante de Tomás de Aquino es la Summa Theologiae (1265–1272), en la que logra una sistematización entre teología y filosofía.
La principal influencia recibida por Tomás de Aquino se encuentra en Aristóteles. De él toma la teoría hilemórfica, y sus aplicaciones en la antropología y epistemología, como la idea de que el alma y el cuerpo forman una única sustancia aunque se separa del filósofo griego al considerar que el alma es inmortal. También asume de Aristóteles la diferenciación de seres en acto o en potencia o la tesis de que es la forma la que ordena y estructura la materia. Aplica la teoría del ser a Dios, diciendo que Dios es el ser total, causa de todo pero cambia la noción aristotélica de un Dios exclusivamente ordenador de un Universo eterno por la noción cristiana de un Dios creador del Universo desde la nada (Creatio ex nihilo). Toma influencias de su teoría del conocimiento que comienza con la experiencia sensible y se termina con la abstracción donde se llega al conocimiento de lo universal. También toma influencias en sus planteamientos éticos, en la idea de felicidad como fin último, el cual constituye el bien supremo; o las virtudes que se entienden como medio para llegar a ese fin. Toma influencias de la teología natural de Aristóteles. Todo ello lo recibe gracias a su maestro, Alberto Magno.
De Agustín de Hipona recibe dos de sus causas que explican la existencia de Dios, la que se explica en la primera vía, la del movimiento ya que ante esto tiene que haber algo inmóvil; y la de la perfección. De Platón toma su idea de «participación» para explicar la relación entre el ser y los seres, del mismo modo que Platón explicaba la relación de las ideas con las cosas. Recibe influencias del pensamiento musulmán como de Avicena de quien toma la distinción de esencia y existencia y la vía de la contingencia, o de Averroes, de quien asume al menos algunos aspectos suyos en cuanto al problema de los universales, parte de su teoría del conocimiento, sobre el conocimiento divino de los seres particulares, sobre la inmaterialidad del primer motor, sobre Dios como acto puro y sobre el principio de individuación.
La repercusión posterior ejercida por Tomás de Aquino ha sido inmensa y se comprueba ya que su doctrina fue prácticamente el pensamiento oficial de la iglesia durante muchos siglos.
Con respecto a la ley natural, si bien no es una postura exclusiva de Tomás de Aquino, el concepto tiene un rol central en la postura oficial de la Iglesia. Aparece en el Derecho internacional gracias a los aportes hechos por tomistas de la segunda escolástica.

GUILLERMO DE OCKHAM (1290-1349)
Guillermo de Ockham se unió a la orden franciscana, siendo joven se educó primero en el convento franciscano y luego en Oxford. No acabó sus estudios en Oxford, pero en este periodo y los años que siguieron escribió obras filosóficas y teológicas.


Sus ideas se convirtieron en una controversia. Tradicionalmente se ha considerado que fue convocado a Aviñón en 1324 por el Papa Juan XXII acusado de herejía, y pasó cuatro años allí bajo arresto, mientras sus enseñanzas y escritos eran investigados.
Fue hasta 1327 cuando fue realmente convocado ante el Papa para responder por los cargos presentados ante una comisión de expertos (sin representación franciscana), pero ningún arresto domiciliario siguió a este ejercicio, no emitiendo juicio alguno el Papa. Algún tiempo después del 9 de abril de 1328, ante el ruego de Miguel de Cesena, dirigente de la Orden franciscana, Ockham estudió la controversia entre los franciscanos y el Papado sobre la doctrina de la pobreza apostólica, que se había convertido en principal para la doctrina franciscana, pero que era considerada dudosa y posiblemente herética tanto por el Papado como por los dominicos. Ockham concluyó que el Papa Juan XXII era un hereje, posición que defendió más tarde en su obra.
Antes de esperar al dictamen sobre la herejía de su filosofía, Guillermo huyó de Aviñón el 26 de mayo de 1328 llevándose el sello de la orden franciscana; se dirigió a Pisa con Miguel de Cesena y otros frailes.
Finalmente conseguirían la protección del emperador Luis IV de Baviera. Tras su huida de la corte papal, Ockham fue excomulgado. Guillermo pasó gran parte del resto de su vida escribiendo sobre asuntos políticos, incluyendo la autoridad y derechos de los poderes temporal y espiritual. Se convirtió en el líder de un pequeño grupo de disidentes franciscanos en la corte de Luis en 1342, tras la muerte de Miguel de Cesena.
Su aportación consistió en revitalizar el empirismo, abriendo el análisis psicológico lo que hasta entonces había estado reservado a la metafísica.
Ockham afirmaba que el conocimiento comienza con actos de “conocimiento intuitivo”, un conocimiento directo e infalible de los objetos del mundo. Se deshizo del problema metafísico que tanto preocupaban a Platón, Aristóteles y los pensadores medievales.
¿Cómo puede cada objeto particular participar de una idea o esencia trascendente? Ockham sustituyó esa pregunta por otra de carácter psicológico: ¿Cómo formamos conceptos universales si sólo tenemos conocimiento cierto de los objetos particulares? Su respuesta fue que la mente percibe semejanzas entre los objetos y, basándose en ellas, los clasifica.
Ockham negaba la distinción entre el alma y sus facultades. Ockham decía que el alma no tiene la facultad de la voluntad o el intelecto, si no que llamamos facultad simplemente a un tipo de acto mental. El término voluntad describe el alma en el acto volitivo, y el término intelecto describe el alma en el acto de pensar. Ockham siempre simplificó al máximo sus explicaciones, eliminando todo lo que no fuera esencial. Por eso se le conoce como “la navaja de Ockham”, aunque la idea era de Aristóteles. Ockham consideraba las facultades como reificaciones innecesarias de los actos mentales en entidades mentales independientes de la mente. El hábito era fundamental en su concepción de la mente.
Los conceptos eran hábitos aprendidos, ideas que procedían de la experiencia. Son los hábitos los que hacen posible la idea de un pensamiento independiente de los objetos realmente percibidos. No podemos pensar en las Ideas, puesto que no existen. En cambio pensamos en conceptos adquiridos por hábito sin los cuales seríamos animales limitados simplemente a reaccionar ante los estímulos del exterior.
Ockham fue el primer pensador, que adjudicó la responsabilidad a los hábitos; pero él no era conductista, porque para el los hábitos eran mentales, no respuestas del cuerpo.
Estableció una distinción radical entre Fe y Razón, Señaló que no hay base alguna en la experiencia para creer que existe un alma humana inmaterial e inmortal, esta contribuyó al nacimiento de la ciencia.
Murió el 9 de abril de 1349 en el convento franciscano de Múnich.

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